Éste que aquí veis
no dio muestras canoras
de amar a quien amaba,
y al cabo perdió lo que más quería.
Aquellos ojos míos que en setiembre no vieron
enterrar tu amor,
tu cuerpo, descompuesto o puro,
en mis manos estas flores se secan,
y no hay tumba,
no un recoleto nicho al que acercarse y llorarte,
no una urna que contiene cenizas enamoradas.
No existe tu cadáver.
Te has muerto,
y sólo mi negra calavera
quizá merece estas flores secas.
Vacía piel
que un corazón anhela.
Sin pie,
en el suelo desplomarme
quiero,
y esperar la lluvia,
ya no junto a las tuyas
mis mejillas
que empape.
Brotará un lirio
y no será la primavera
quien te arranque,
fúnebre canto,
alegre fruto en adelante.
Dejo aquí estas coplillas
en que vuacé habrá solaz.
Tómense a modo de mojiganga
de la comedia en curso.
Ay, pensamiento débil,
ay, falta de formación.
Cómo me duelen España,
y Aragón.
(Entónese como una letanía)
Despierta y olvida
lo que anoche dijimos.
Perdona y ven ahora.
(Si la lluvia
empapase
estos versos,
poema muro y
muro mirlo,
si pudiese una lágrima
disolver una erre,
si al mojar el papel
no
se mojase el papel,
si se mojase el poema,
si temblaran
temblaran
las letras que
no serían letras,
si, coronado en punta,
yo fuese el poema,
y llegara
a tus manos,
lastimándote...,
tenlo en cuenta:
no será mi intención estos
versos mojados
ni un poema
que acaba
en pi-
co.
)
Mi proa, mi pecho.
Donde no mi espada,
mi pluma alcanza.
Donde no mi espada.
¿Acaso al pecho
Corazón escapa?
Pluma atrapa,
Corazón permite.
Mas, con Razón,
Corazón remite
y Pluma escapa.
Sean para ti el
amor y
el deseo.
Sea para ti
esta rabia
triste
de miradas,
palabras,
y no poder
más amor
entregarte.
